Oración A María Inmaculada

María, Madre de Dios, tu grandeza comenzó en el primer instante de tu existencia con el privilegio de tu Inmaculada Concepción. Después de Dios Todopoderoso y la Sagrada Humanidad de Jesús, no hay ser tan grande como tú. Es verdad, eres una criatura, y, por lo tanto, muy por debajo del Ser Supremo. Pero eres una criatura tan santa y tan perfecta que eres superior a todas las demás criaturas. Sólo Dios podía hacerte tan santo y tan bello, y lo hizo para hacerte digno de la dignidad de ser la Madre de Jesús, el Hijo de Dios, el Verbo Divino.

Era apropiado que tú, una Virgen Madre, concibieras al Hombre que también era el Hijo de Dios. Era apropiado que estuvieras adornado con la mayor pureza posible para una criatura. Tú eres la Virgen a quien Dios el Padre decretó dar a Su único Hijo -el Verbo Divino, igual a Él mismo en todas las cosas- para que entrando en el orden natural Él pudiera llegar a ser tu Hijo así como el Suyo. Tú eres la Virgen inmaculada a la que el mismo Hijo eligió

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