Oración de Santa Clara Bonaventura

Pierce, oh dulce Jesucristo, mi alma más íntima con la herida más gozosa y sana de tu amor,
y con la verdadera, tranquila y santísima caridad apostólica,
para que mi alma siempre languidezca
y se derrita con todo el amor y anhelo por Ti,
anhela por ti mismo y por tus cortes, anhela ser disuelta y estar contigo.

Concédeme que mi alma tenga hambre después de ti, el Pan de los Ángeles,
el refrigerio de las almas santas, nuestro pan diario y súper sustancial,
que tiene toda la dulzura y el sabor y todo el delicioso sabor.

Que mi corazón tenga siempre hambre de ti y se alimente de ti,
a quien los ángeles quieren mirar,
y que mi alma más íntima se llene de la dulzura de tu gusto;
que tenga siempre sed de ti, la fuente de la vida,
la fuente de la sabiduría y del conocimiento, la fuente de la luz eterna,
la corriente del placer, la plenitud de la casa de Dios;
para rodearte, buscarte, encontrarte, correr hacia ti,
acercarte, meditar sobre ti, hablar de ti,
y hacer todo para alabanza y gloria de tu nombre,
con humildad y discreción, con amor y deleite, con facilidad y afecto,
con perseverancia hasta el final; y ser sólo mi esperanza,
mi entera confianza, mis riquezas, mi deleite, mi placer,
mi alegría, mi descanso y tranquilidad, mi paz, mi dulzura,
mi comida, mi refrigerio, mi refugio, mi ayuda, mi sabiduría, mi parte,
mi posesión, mi tesoro; en quien mi mente
y mi corazón están siempre fijos y firmes y arraigados inamoviblemente.
Amén.

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